Ir al contenido principal

Entradas

Tu obsequio

Se había quedado dormida, recostada en un ligero colchón de hojas secas al pie de un árbol. Morgana entreabrió los ojos cuando unos traviesos rayos de sol se escabulleron entre las ramas de los árboles y las pocas hojas que les quedaban le acariciaron cálidamente el rostro. Inspiró profundamente el fresco aire otoñal y observó, con algo de nostalgia, como el Astro Rey ocultaba ya la mitad de su cuerpo tras las lejanas montañas. Los últimos minutos de la tarde se habían escurrido entre plácidos sueños y había llegado el momento de emprender el regreso a su casa. Se puso de pie, se pasó las manos de arriba hacia abajo, alisando y limpiando el vestido que tanto amaba y que ya empezaba a mostrar signos de miles de juegos y del paso del tiempo. Con sus dedos corrió sus dorados bucles hasta acomodarlos detrás de las orejas y se ajustó la tiara de flores silvestres. Había sido una mañana muy productiva, y sentía que cada vez entrelazaba los tallos mejor, con mayor destreza y belleza que la...

sehnsucht

Y en tu cielo se esculpen figuras de mármol etéreo. Mis dedos irrumpen en tu abra bañado de amanecer. La virazón trae flotando recuerdos de corderos, mates y besos, de músicas alegres y nostalgias de café.

S/T

Es uno de esos domingos en los que te acostaste de madrugada (entero, por razones de fuerza mayor), y te levantás con una migraña en el hemisferio izquierdo que te hace sentir que sólo la fractura del globo terráqueo podría compensar tanto dolor. Ni uno mismo entiende lo que dice. El día se escurre, minuto tras minuto, hora tras hora, y todo aquello que tenías pensado hacer queda permanentemente anulado. Es uno de esos domingos en los que te invade la angustia de ir a esa oficina al día siguiente. Una angustia que cala hondo y no sólo frustra, sino que despierta el rencor con uno mismo, por saberse negligente. Negligencia que radica en la poca voluntad, o fuerza, volcada a la búsqueda de un cambio real. Negligencia que la mayor parte del tiempo se encontró velada por el tul de las promesas de algunos amigos, como si los invistiésemos con un halo de poder supraterrenal, dioses que en pocos días pueden generar cambios de tal magnitud en las empresas en las que trabajan, que ...

Salta (inconclusa)

A través de quienes saben, supe que las tierras de cerros y montañas, de clima generalmente seco, dan vida a una gama de vegetación cuyos frutos concentran el sabor de su especie. Esto fue Salta. Esa uva torrontés aromática, sus deliciosos tintos de altura, cumbres blancas y cardones en flor. En sus venas corre el más refinado folclore y en sus telares se teje la historia. El tiempo no es piadoso, deslizóse rápido y voraz como el agua que socava sus valles y quebradas. El viajero desprevenido corre el riesgo de quedar cautivo de los colores y matices que, como velos, cubren cada ladera, en una armoniosa combinación de vegetación y piedra, y dormirse en un mullido lecho de tolas, surcando la oscuridad del cielo, esquivando sus infinitas estrellas. Salta, testigo inmutable de la forja de nuestra independencia, continúa hoy mostrando el camino a través de la calidez de sus peñas y sus ciudadanos que las alimentan con la fuerza de su rica tradición. Los cardones, desde lo alto de los c...

Taxi

Lejos de ser el frío que cala los huesos, esta brisa abraza mi cuerpo con frescura. En la piel se conjuga el alivio por el abrasador calor que disipa y la nostalgia por la ausencia de tu abrigo. Y mi nariz, que juega saltando de perfume en perfume en el viento que entra por la ventanilla del taxi y se arremolina en la cara, el cuello, las piernas. Hay perfumes que nunca fueron tuyos y, sin embargo, en ellos te encuentro. Hace rato que la ciudad duerme, quedando en manos de unos desdichados sonámbulos.

Bajo

Me cansa. Me agota. El viento, la rabia, el sudor. La saliva. La saliva se empasta en la boca, desliza y pende en la comisura. Sella los labios. Los labios callan las súplicas del corazón. La mugre. El viento. En remolinos decantan dentro y sedimentan el alma. Me cansa. Me agota. El viento. Perfume y palabras. Avenida de Mayo me ve correr las que se escapan de mis dedos. Me agotan. Papeles. Gritos. Gentío. Cada uno aglutinado. Cada otro, atomizado. El subte lleva y trae cantos rodados. La tierra nos devora vivos.

Granujas

A veces se me revuelve tanto el estómago pensando, que necesito más un licuado de antiespasmódico y ranitidina, que vomitar palabras sobre un papel o un teclado. No por temor a ensuciarlos, sino por un temor mucho más horrible y repulsivo, el temor por “el qué dirán”. Sumidos como estamos en tanta mierda, pareciera que algunos nos preocupamos por cómo olemos, mientras que otros, más por cómo huele el resto. Y es la primera vez que uso vocablos soeces. Se siente… ¿Catártico? Puede ser. ¿Descontracturante? También. Pero creo que refleja de alguna forma la crudeza y la violencia en la que se desenvuelven nuestras vidas en las grandes urbes. Hoy no es un buen día. Hoy percibo la raza humana mucho más como el virus que “vaticina” Matrix . Uno de esos días en que no importan las cosas buenas en este mundo porque de cualquier manera van a ser corrompidas y una vez putrefactas, caerán en la tierra estéril por años de negligencia, olvido, masacre y radiación, se colarán entre las hendija...