A veces se me revuelve tanto el estómago pensando, que
necesito más un licuado de antiespasmódico y ranitidina, que vomitar palabras
sobre un papel o un teclado. No por temor a ensuciarlos, sino por un temor
mucho más horrible y repulsivo, el temor por “el qué dirán”.
Sumidos como estamos en tanta mierda, pareciera que algunos
nos preocupamos por cómo olemos, mientras que otros, más por cómo huele el
resto.
Y es la primera vez que uso vocablos soeces. Se siente… ¿Catártico?
Puede ser. ¿Descontracturante? También. Pero creo que refleja de alguna forma
la crudeza y la violencia en la que se desenvuelven nuestras vidas en las
grandes urbes.
Hoy no es un buen día. Hoy percibo la raza humana mucho más
como el virus que “vaticina” Matrix. Uno de esos días en que no importan las
cosas buenas en este mundo porque de cualquier manera van a ser corrompidas y
una vez putrefactas, caerán en la tierra estéril por años de negligencia,
olvido, masacre y radiación, se colarán entre las hendijas, cruzarán por donde
en algún momento circularon las napas de agua más cercanas a la superficie, ya
llenas de huesos roídos de infinitas alimañas, continuarán su camino hacia el
centro del globo, contaminando los pocos cursos de agua restantes.
A cada minuto las
esperanzas caen como la bolsa Nueva York en el 29. Ironías de un mundo cada vez
más "interconectado" y menos "intercomunicado". Un mundo donde humanos viven su
vida a través de las vidas de otros, a través de sus correos, sus llamadas, sus
ideas. “La vida de los otros”, ¡Qué película! Cuánto asco…
¿A cuánto el kilo de ideologías? Te doy una cuchara y
después de que me respondas te doy unos granos de arroz.
¿Cuánto cuesta romper los barrales? Esos que no son de
titanio, acero ni cobre. Barrales que se dibujaron allá, con tiza, marcadores y
teclas. Algunos tenemos tanto miedo que ni siquiera nos atrevemos a ver entre
ellos. Preferimos empujar la mierda lejos de nosotros, aunque vuelva aumentada
cada vez. Un día puse una computadora delante de la mierda y me olvidé de ella
hasta que trepó por encima del monitor, asique compré un teléfono más
entretenido que el que tenía. No hacía más llamadas que antes, ni duraban más
las que ya hacía, pero ¡Si vieran la pantalla que tenía! Un día me desperté y
no lo encontré más, lo habían devorado las heces (no quiero cansarlo a Ud
repitiendo tantas veces “mierda”). Aterrorizado, puse delante de mí una
notebook al lado de una Tablet. Ahora veía caca en HD. ¡Un lujo! Y con su
sonido Semper fi hi fi wifi, escuchaba los temas de moda que te dicen cuán mal
está el mundo y las recetas para cambiarlo, pero que nadie tiene ganas de
cocinar. Hace una semana tuve que definir lo que era la hipocresía. Esto es
hipocresía. Lo que se leyó hasta ahora. Cada palabra. O puede serlo, a menos
que nos hagamos cargo, que no nos mintamos a nosotros mismos.
¿Te gusta la mierda? No la niegues.
¿No te gusta la mierda?
¿Qué receta vas a cocinar?
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