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¿Cómo –casi– tumbar un velero?

Instrucciones.
Ante todo, tenga usted un muy buen día (o noche).
Para comenzar con este proceso que lo transportará automáticamente a un mundo pleno de aventuras y rebozado de adrenalina, deberá procurarse un viaje en velero a las cercanas costas de nuestro país hermano, Uruguay.
Sepa, principalmente, que ha de partir un sábado y retornar al día siguiente, con amenazas de tormenta, especialmente si son de aquellas que se cumplen a rajatabla. La salida desde, por ejemplo, Conchillas, deberá efectuarse alrededor de las 1030 horas. Navegará con muy poco viento, por lo que deberá ayudar a la mayor y al genoa con media máquina. Utilizará el tracklog de su carta electrónica o, si así lo prefiere, puede animarse a encontrar un camino alternativo que usted considere apropiado para la situación.
La calma del Río de la Plata será apabullante, por lo que podrá degustar sin inconvenientes, unos deliciosos sándwiches de milanesa con mayoliva (y huevo duro para los más corajudos).
Nótese que al cabo de unas pocas horas de navegación, el viento proveniente del NNW (si mal no recuerdo), soplará un poco más fuerte a medida que pasen los minutos. Si gusta, ya podrá quitar el motor, puesto que conservará el promedio de 4,5 Kn con que venía avanzando.
De igual manera, percátese usted que el sol que antes lo acompañaba (y atosigaba un poco tal, vez), ha desaparecido y aquellos simpáticos cumulus que adornaban el horizonte, se han disuelto y cubierto el cielo, antes azul, con una relajante capa gris.
No se ha de pasar por alto el detalle no poco importante de lo prístino, fresco y puro del aire, puesto que nos encontramos, aproximadamente, en el medio del río, lejos de las contaminantes urbes rioplatenses.
Seguidamente, borre de su mente las preocupaciones, incluso aquella que le genera el hecho de encontrar gran dificultad a la hora de gobernar la embarcación y la pronunciada escora. Si el capitán le pregunta a usted si ve el barco hundido, no crea que ya está usted ahogándose en las limosas aguas, seguramente él se refiera a las boyas que señalizan el casco sumergido y que las mínimamente pronunciadas olas le dificultarán ubicarlas. No se sorprenda si las boyas (son dos de ellas), una vez identificadas indiquen peligro aislado. ¡Bajo ningún punto de vista pase entremedio de ellas! Si, si, lo entiendo; yo también creo que deberían haber usado cardinales para que personas inexpertas como uno reduzcan el riesgo un poco más. ¿Tiene usted algún contacto en la UNEN?
Una vez alcanzado este escollo en la derrota, pregúntese si tiene opciones. Si su capitán le dice que lo deje por estribor, puede ensuciarse los pantalones y cederle el gobierno, ya que deberá derivar la embarcación bastante y considere que ésta porta una amplia mayor y un genoa, o sacar fuerzas y el brío suficiente del aire e intentar la maniobra. En lo personal, orzaría y dejaría el casco hundido por babor.
Si mantuvo la lectura hasta acá significa que usted es una persona ávida de experiencias que llevarán sus nervios al extremo, mucho más que scuba-diving con tiburones salvajes y hambrientos.
Hemos quedado en que el timón lo lleva nuevamente el capitán de la embarcación. La lucha será encarnizada y las olas tratarán de quebrar el casco en dos, pero no se adelante a los resultados, con la pericia del patrón, saldrán todos adelante, con un bagaje de anécdotas inagotable (verá que con el paso del tiempo, las olas cobrarán un tamaño mayor en su mente). Por precaución, recomiende a la tripulación llevar puesto el chaleco salvavidas mientras estén sentados sobre alguna banda, con los pies hacia fuera, con el objeto de auxiliar el adrizamiento de la embarcación (verá usted cómo se sentirá corriendo la VOLVO OCEAN RACE).
Por fortuna, el temporal pasará rápidamente y el cielo se aclarará una vez más. Protéjase del sol, por favor.
Tal como lo indicaba el pronóstico, el viento rotará al E, soplando brioso.
Tome de nuevo el timón.
¡Es hora de una oreja de burro!
Descuide, sentirá un placer incontenible cuando la corredera le diga que ha alcanzado la asombrosa velocidad de 6,7 Kn y eso nadie podrá quitárselo.
Y para los fines prácticos de este texto, cuya intención queda plasmada en el título, es fundamental que barrene las olas con la embarcación. Si usted es como yo, estará adoptando una postura ‘canchera’ y no prestará atención a lo que está ocurriendo con el genoa. Sentirá que una ola lo levanta a la vez que el velamen es cargado con una racha de viento violentamente. Si bien usted vendrá con popa redonda, estará amurado a babor, descenderá de la cresta de la ola de manera más violenta aún, escorándose el barco sobre su banda de babor y derivando, la mayor trasluchará con instinto asesino y el barco escorará más, filará la mayor y tratará de orzarlo para enfacharlo, pero todo esto le resultará inútil, el genoa estará trabado y el agua superará la brazola, casi ingresará al cockpit, pero la astucia del capitán lo sacará del apuro, adrizará la embarcación y pondrá nuevo rumbo, pudiendo así continuar con la ronda de mates y galletas con dulce de leche.
Por supuesto que para que el capitán tenga la energía suficiente como para desempeñarse tan efectivamente en la conducción de la nave, es indispensable proporcionarle un vaso de Toddy en el desayuno.

Una vez en tierra, con la embarcación subiendo en la pluma, habiendo seguido esta breve guía, usted podrá decir con orgullo que es uno más de los que CASI tumban un velero.

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