Me cansa. Me agota. El viento, la rabia, el sudor. La saliva. La saliva se empasta en la boca, desliza y pende en la comisura. Sella los labios. Los labios callan las súplicas del corazón. La mugre. El viento. En remolinos decantan dentro y sedimentan el alma. Me cansa. Me agota. El viento. Perfume y palabras. Avenida de Mayo me ve correr las que se escapan de mis dedos. Me agotan. Papeles. Gritos. Gentío. Cada uno aglutinado. Cada otro, atomizado. El subte lleva y trae cantos rodados. La tierra nos devora vivos.
Instrucciones. Ante todo, tenga usted un muy buen día (o noche). Para comenzar con este proceso que lo transportará automáticamente a un mundo pleno de aventuras y rebozado de adrenalina, deberá procurarse un viaje en velero a las cercanas costas de nuestro país hermano, Uruguay. Sepa, principalmente, que ha de partir un sábado y retornar al día siguiente, con amenazas de tormenta, especialmente si son de aquellas que se cumplen a rajatabla. La salida desde, por ejemplo, Conchillas, deberá efectuarse alrededor de las 1030 horas. Navegará con muy poco viento, por lo que deberá ayudar a la mayor y al genoa con media máquina. Utilizará el tracklog de su carta electrónica o, si así lo prefiere, puede animarse a encontrar un camino alternativo que usted considere apropiado para la situación. La calma del Río de la Plata será apabullante, por lo que podrá degustar sin inconvenientes, unos deliciosos sándwiches de milanesa con mayoliva (y huevo duro para los más corajudos). Nótese que al...
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