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Entradas

En el subte

Se arrancó la casta de cuajo. El acero afilado atravesó el pantalón y las monedas cayeron escamoteadas de carmín. El mismo metal degolló uno a uno los botones hasta desnudar el alma. Con las puntas de los dedos del pie izquierdo pisó el talón de su zapato derecho. Levantando ese mismo pie, lo descalzó. Con las puntas de los dedos del pie derecho, repitió lo mismo con su pie izquierdo. Apoyó cada centímetro cuadrado de sus plantas, desnudas, imperfectas. Apoyó cada ínfimo surco. Sintió el frío terrenal, aquello que corrompe, aquello que crea. Se sintió. Le urgió despojarse de la piel, pero sabía que entonces ya no podría contagiarse su perfume, ya no habría pelos que erizar, músculos que estremecer. Así, desnudo, como la matriz lo trajo, se mostró único, arrebatado de todo aquello que no le era propio, ofreciendo todo lo que él ha elaborado. Así, la contempl...

Amanece

Tras la noche más larga y aciaga. Son muchos amaneceres el amanecer. No es sino en el despuntar del alba, el estallido del oro inasible en la mirada. Las lenguas flamígeras que aclaran un poco más el entendimiento. En la transmutación del dolor, la búsqueda del perdón se torna en Grial y comienzan a quitarse de la mesa los recuerdos. Se desprenden de las paredes las fantasmagorías, como cuadros. Omega de mi Alfa, que no es más que nuevo Alfa.

Tu obsequio

Se había quedado dormida, recostada en un ligero colchón de hojas secas al pie de un árbol. Morgana entreabrió los ojos cuando unos traviesos rayos de sol se escabulleron entre las ramas de los árboles y las pocas hojas que les quedaban le acariciaron cálidamente el rostro. Inspiró profundamente el fresco aire otoñal y observó, con algo de nostalgia, como el Astro Rey ocultaba ya la mitad de su cuerpo tras las lejanas montañas. Los últimos minutos de la tarde se habían escurrido entre plácidos sueños y había llegado el momento de emprender el regreso a su casa. Se puso de pie, se pasó las manos de arriba hacia abajo, alisando y limpiando el vestido que tanto amaba y que ya empezaba a mostrar signos de miles de juegos y del paso del tiempo. Con sus dedos corrió sus dorados bucles hasta acomodarlos detrás de las orejas y se ajustó la tiara de flores silvestres. Había sido una mañana muy productiva, y sentía que cada vez entrelazaba los tallos mejor, con mayor destreza y belleza que la...

sehnsucht

Y en tu cielo se esculpen figuras de mármol etéreo. Mis dedos irrumpen en tu abra bañado de amanecer. La virazón trae flotando recuerdos de corderos, mates y besos, de músicas alegres y nostalgias de café.

S/T

Es uno de esos domingos en los que te acostaste de madrugada (entero, por razones de fuerza mayor), y te levantás con una migraña en el hemisferio izquierdo que te hace sentir que sólo la fractura del globo terráqueo podría compensar tanto dolor. Ni uno mismo entiende lo que dice. El día se escurre, minuto tras minuto, hora tras hora, y todo aquello que tenías pensado hacer queda permanentemente anulado. Es uno de esos domingos en los que te invade la angustia de ir a esa oficina al día siguiente. Una angustia que cala hondo y no sólo frustra, sino que despierta el rencor con uno mismo, por saberse negligente. Negligencia que radica en la poca voluntad, o fuerza, volcada a la búsqueda de un cambio real. Negligencia que la mayor parte del tiempo se encontró velada por el tul de las promesas de algunos amigos, como si los invistiésemos con un halo de poder supraterrenal, dioses que en pocos días pueden generar cambios de tal magnitud en las empresas en las que trabajan, que ...

Salta (inconclusa)

A través de quienes saben, supe que las tierras de cerros y montañas, de clima generalmente seco, dan vida a una gama de vegetación cuyos frutos concentran el sabor de su especie. Esto fue Salta. Esa uva torrontés aromática, sus deliciosos tintos de altura, cumbres blancas y cardones en flor. En sus venas corre el más refinado folclore y en sus telares se teje la historia. El tiempo no es piadoso, deslizóse rápido y voraz como el agua que socava sus valles y quebradas. El viajero desprevenido corre el riesgo de quedar cautivo de los colores y matices que, como velos, cubren cada ladera, en una armoniosa combinación de vegetación y piedra, y dormirse en un mullido lecho de tolas, surcando la oscuridad del cielo, esquivando sus infinitas estrellas. Salta, testigo inmutable de la forja de nuestra independencia, continúa hoy mostrando el camino a través de la calidez de sus peñas y sus ciudadanos que las alimentan con la fuerza de su rica tradición. Los cardones, desde lo alto de los c...

Taxi

Lejos de ser el frío que cala los huesos, esta brisa abraza mi cuerpo con frescura. En la piel se conjuga el alivio por el abrasador calor que disipa y la nostalgia por la ausencia de tu abrigo. Y mi nariz, que juega saltando de perfume en perfume en el viento que entra por la ventanilla del taxi y se arremolina en la cara, el cuello, las piernas. Hay perfumes que nunca fueron tuyos y, sin embargo, en ellos te encuentro. Hace rato que la ciudad duerme, quedando en manos de unos desdichados sonámbulos.