Se arrancó la casta de cuajo. El acero afilado atravesó el pantalón y las monedas cayeron escamoteadas de carmín. El mismo metal degolló uno a uno los botones hasta desnudar el alma. Con las puntas de los dedos del pie izquierdo pisó el talón de su zapato derecho. Levantando ese mismo pie, lo descalzó. Con las puntas de los dedos del pie derecho, repitió lo mismo con su pie izquierdo. Apoyó cada centímetro cuadrado de sus plantas, desnudas, imperfectas. Apoyó cada ínfimo surco. Sintió el frío terrenal, aquello que corrompe, aquello que crea. Se sintió. Le urgió despojarse de la piel, pero sabía que entonces ya no podría contagiarse su perfume, ya no habría pelos que erizar, músculos que estremecer. Así, desnudo, como la matriz lo trajo, se mostró único, arrebatado de todo aquello que no le era propio, ofreciendo todo lo que él ha elaborado. Así, la contempló, llenándose el espíritu, esperando. El universo se había difuminado, convertido en un lienzo maleable, profundidad insondable con nubes de azúcar. Así, contemplaba. La mirada en alto, sus ojos paseaban por su firmamento. Hiló con sus sentidos y usó de rueca el cuerpo. Elaboró dulces tramados, trenzados con deseos. Unió uno a uno, erigiendo un refugio. Allí, su solaz.
Instrucciones. Ante todo, tenga usted un muy buen día (o noche). Para comenzar con este proceso que lo transportará automáticamente a un mundo pleno de aventuras y rebozado de adrenalina, deberá procurarse un viaje en velero a las cercanas costas de nuestro país hermano, Uruguay. Sepa, principalmente, que ha de partir un sábado y retornar al día siguiente, con amenazas de tormenta, especialmente si son de aquellas que se cumplen a rajatabla. La salida desde, por ejemplo, Conchillas, deberá efectuarse alrededor de las 1030 horas. Navegará con muy poco viento, por lo que deberá ayudar a la mayor y al genoa con media máquina. Utilizará el tracklog de su carta electrónica o, si así lo prefiere, puede animarse a encontrar un camino alternativo que usted considere apropiado para la situación. La calma del Río de la Plata será apabullante, por lo que podrá degustar sin inconvenientes, unos deliciosos sándwiches de milanesa con mayoliva (y huevo duro para los más corajudos). Nótese que al...
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