Ir al contenido principal

Entradas

Granujas

A veces se me revuelve tanto el estómago pensando, que necesito más un licuado de antiespasmódico y ranitidina, que vomitar palabras sobre un papel o un teclado. No por temor a ensuciarlos, sino por un temor mucho más horrible y repulsivo, el temor por “el qué dirán”. Sumidos como estamos en tanta mierda, pareciera que algunos nos preocupamos por cómo olemos, mientras que otros, más por cómo huele el resto. Y es la primera vez que uso vocablos soeces. Se siente… ¿Catártico? Puede ser. ¿Descontracturante? También. Pero creo que refleja de alguna forma la crudeza y la violencia en la que se desenvuelven nuestras vidas en las grandes urbes. Hoy no es un buen día. Hoy percibo la raza humana mucho más como el virus que “vaticina” Matrix . Uno de esos días en que no importan las cosas buenas en este mundo porque de cualquier manera van a ser corrompidas y una vez putrefactas, caerán en la tierra estéril por años de negligencia, olvido, masacre y radiación, se colarán entre las hendija...

EJERCICIO TÉCNICAS DE NARRACIÓN PERIODÍSTICA

¿Cómo – casi – tumbar un velero? El aire podría haber sido puro en el Yacht Club San Isidro, de no haber estado manchado con ligeras nubes de los gases de combustión de la mezcla de nafta y aceite, típica de los motores fuera de borda de dos tiempos. No importaba, habíamos finalizado el curso y, como corolario, tendríamos nuestro viaje a la República Oriental del Uruguay. Jamás se me hubiese ocurrido que en algún momento de mi vida viajaría al exterior (por muy cerca que esté Uruguay), en un barco o, mejor dicho, en un velero de casi ocho metros y medio de largo, es decir, de eslora. Bajo el sol de la mañana de un sábado de enero, sacamos al Ursitarsen I° de su sueño, acomodamos su trailer bajo la pluma grande y, tras unos simples movimientos, estaba meciéndose en las aguas del canal. Todos los bolsos estaban a bordo y el trámite ante Prefectura Naval Argentina, lo que se llama Rol de Despacho, estaba hecho. Ahora ellos sabrían que éramos cuatro tripulantes: Leo, su novia Lail...

perfume

Y su perfume acarició mis sentidos, como lo hacen esas dulces brisas que cruzan el límite entre la primavera y el verano. Pero no hay respuestas y se necesita olvidar. Hay una música en el planeta que todo lo puede. Esa misma música que nos mece y nos viva, nos pierde y nos encuentra; lava pacientemente las penas, hasta convertirlas en enseñanza. En su búsqueda quiero partir. Una a una, las defensas ruedan dentro. El silencio se destaca con aires de nobleza, aunque levemente traicionado por el murmullo del viento, que trata de infundirme paz y confianza y, por qué no, compañía. Las verdes copas de los árboles se bambolean suavemente, saludan. Siento sus palabras; ‘buenos vientos’ parecen mascullar mientras se empequeñecen a medida que me alejo, lentamente. Con la caña sujeta y de proa al viento, izo las velas. La mayor parece bostezar, como despabilando sus ansias de hacerse al agua. Con delicada firmeza cacé el pujamen y repiqué su driza. Allá delante, un foque danza vertigino...

Caldo de vida

Como pocos, el agua es un elemento indispensable para la vida, como así también lo es el aire. Desde tiempos inmemorables, han sido objeto de fascinación y asombro. Unos han levantado la vista al cielo y soñaron con emular el batir de alas de las aves y hacer propio un medio para el cual, la Naturaleza, nos ha dotado con ninguna herramienta para domarlo a nuestro antojo, más que nuestro intelecto. En lo personal, lo encuentro cuasi alucinógeno el solo hecho de pensar en las alturas, el sonido del aire arremolinándose en nuestras orejas... ¿Quién no ha soñado alguna vez con volar? Ser dueño, así sea temporal, de esa dulce soledad, ese acercamiento a los astros, atravesar las nubes y reunirse con Dédalo. Y el agua, sea dulce o salada, en cualquiera de sus manifestaciones; lagos, ríos, mares y océanos. Tiene la magia de lo inconmensurable y abraza el misterio de lo infinito. Tan vital para nosotros, como lo es para todas aquellas especies, innumerables también, que de ella se alimentan,...

Autorizado a hablar personalmente.

La Real Academia Española define ‘culpa’ como la i mputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta . Luego, ‘irresponsable’, que adopta decisiones importantes sin la debida meditación . Tras estos largos años, durante los cuales no ha pasado un día sin pensar en ello, esas palabras se hicieron carne, una y otra vez. Sin lugar a dudas, la definición de ‘irresponsable’ es la más atractiva de todas. En el momento en que escribo estas líneas, sólo puedo pensar en una sola cosa de la que me arrepentiré por el resto de mis días. Esa decisión, esa importante decisión, golpea a la puerta de mis sueños casi todas las noches, invitándome a reflexionar y torturarme durante mi estado inconsciente y más allá, hasta donde los recuerdos oníricos duren. Los ruidos, las voces, los aromas (de los gratos y no tanto). Las imágenes. Las vivencias no vividas, la experiencia no adquirida. Usted, de ése otro lado dirá que todo pasó por algo. Tal vez una Voluntad mayor a la ...

Elemental...

En este momento me cuestiono (sin sentido, obviamente), si, por lo menos yo, ya habré alcanzado esa cierta edad en la que uno se conforma con una breve salida, a saber: Cena privada del núcleo familiar primario fuera de casa. Para entonces, los arreglos ya habían sido efectuados. Al concluir el cumpleaños del padre de un amigo, nos reuniríamos él, su novia y yo, en un lugar a determinar para ir al cine. Una vez finalizada mi propia velada familiar, sucumbí a los efectos de la marea alcalina, producto de la abundante alimentación. Dejo mi teléfono móvil encendido y claramente sonoro, a fin de despabilarme con la llamada de mi congénere. Para el momento en que éste dispositivo sonó, el reloj marcaba unos minutos pasada la medianoche. Apenas pude abrir los ojos y contestar. Debía pasar por la casa de los padres, a tan sólo unas cuadras de la mía. El encuentro se efectuó a la brevedad y sin pormenores, incluso tuve la oportunidad de desearle un feliz cumpleaños al padre personalmente...

Para compartir...

La rosa de Paracelso En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano. Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía, El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares, Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo, Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor uando golpearon la puerta, El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra. El maestro fue el primero que habló. -Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente -dijo no sin cierta pompa-, No recuerdo la tuya, ¿Quién eres y qué deseas de mí? -Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-, Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quie...