En este momento me cuestiono (sin sentido, obviamente), si, por lo menos yo, ya habré alcanzado esa cierta edad en la que uno se conforma con una breve salida, a saber:
Cena privada del núcleo familiar primario fuera de casa. Para entonces, los arreglos ya habían sido efectuados. Al concluir el cumpleaños del padre de un amigo, nos reuniríamos él, su novia y yo, en un lugar a determinar para ir al cine.
Una vez finalizada mi propia velada familiar, sucumbí a los efectos de la marea alcalina, producto de la abundante alimentación. Dejo mi teléfono móvil encendido y claramente sonoro, a fin de despabilarme con la llamada de mi congénere. Para el momento en que éste dispositivo sonó, el reloj marcaba unos minutos pasada la medianoche. Apenas pude abrir los ojos y contestar. Debía pasar por la casa de los padres, a tan sólo unas cuadras de la mía. El encuentro se efectuó a la brevedad y sin pormenores, incluso tuve la oportunidad de desearle un feliz cumpleaños al padre personalmente. Nos dirigimos a un cine sito en Avenida La Plata, próximo a Avenida Rivadavia, todavía envuelto en un halo de sueño, aboné la exorbitante suma de veinticinco pesos por una entrada al cine. Estreno. Sherlock Holmes. Una película plagada de los recursos modernos que ofrece la cinematografía hoy. ¡Cómo solía disfrutar de niño la lectura de las novelas de Sir Arthur Conan Doyle! Sin embargo, de estar la visión del director en lo cierto (incluyendo a quien haya hecho la adaptación a la pantalla grande), debo reconfigurar la imagen que siempre tuve de este eterno personaje de la literatura ya clásica. En fin, de ésta rescato situaciones varias que me han mantenido mínimamente en vilo, pero queda claro que no es una joya más en la corona del séptimo arte. Jude Law, excelente interpretación, Robert Downey Junior, no puedo recordar en este preciso momento dónde más lo he visto actuar, pero lleva adelante su personaje muy bien. Sugiero que la vean en un buen cine, para no perder los efectos sonoros y visuales, pero no han de sentarse muy cerca de la pantalla, pueden perderse de mucho, tal vez.
En fin, la proyección dio inicio a la 01:10 hs. Eran las 03:15 aproximadamente cuando inhalamos de nuevo el aplomado aire de las calles. Ilumino mi nariz y exhalo. Ella tiene sueño, amén de otras molestias. A él lo noté con ganas de refrescar el garguero con alguna bebida espirituosa. El dilema: un solo juego de llaves.
Sin chistar, ellos partieron a su hogar. Yo al mío. En el breve trayecto que me separaba del dintel, esperé en vano recibir una respuesta de alguna de las cuatro o cinco personas a quienes les había destinado un mensaje. Llamé a uno. Apagado.
"Estamos viejos", pensé. No, no es más que una mala jugada mía, puesto que no le voy a echar la culpa al destino si yo, antes de compenetrarme en la función, no me aseguré la continuidad de la salida nocturna. "Un poco de café y letras hará el truco", me dije luego, y es así como estoy sentado en la cocina, frente al cursor parpadeante, tratando de dar un cierre, no sólo a estas líneas, sino a la noche en sí, aunque los llantos de una criatura que no para de repetir, incansable, "¡Ay!". Si tan sólo la escucharan…
Por lo tanto, no, no estoy en esa edad en la que uno se conforma con salidas breves. Falló mi sentido previsor, tan sólo eso.
¡Buenas noches!
Comentarios
VOS SOS EL VEBER!!!!
Salud compadre!