La transición de marzo a abril del 2018 arrastró
consigo las pesadas, pesadísimas cadenas de la desidia argentina.
Uno tras otro fui completando los formularios de las
plataformas de búsqueda de trabajo. Actualicé perfiles, reacondicioné
currículums, esta foto de perfil, sí; esta otra, no. Agregué alertas
automáticas, me suscribí a newsletters y busqué cursos que me proporcionaran
herramientas y así mejorar mi posicionamiento.
Así fui aplicando a una larga lista de empleos
relacionados con mi campo de estudio (más adelante aplicaré a cualquier empleo
para el que pueda verme apto).
Esa cuota de racionalidad tan presente en mí, me
explicó que no habría respuestas inmediatas. Me dijo que debería armarme de
paciencia y esperar lo mejor. Esperé una semana, dos, tres. Hubo un cuarto mes
en el que esperé un quinto.
Aún me veo, a veces, preso de un debate maniqueo:
recibir los correos que rechazaron mis postulaciones, ¿Fue algo bueno, o malo?
De cualquier forma, CompuTrabajo me mantenía informado acerca de lo poco
autoexplotado que me encontraba.
Un país como la Argentina lo habitúa a uno a
deshacerse rápidamente de cualquier tipo de expectativa. Es una verdadera
montaña rusa de emociones, vivencias y crisis pero, sobre todo, una nación que
no repara en sorpresas.
Así es como, luego de aplicar en línea, recibo un
correo de una mujer, M. A., quien dice haber recibido mi CV para el puesto de
“Administrtivo/a Gestion Publicidad & Sistemas para importante empresa del
rubro inmobiliario”. Si bien mi formación académica y experiencia laboral han
surcado los mares más diversos y ameritan un capítulo propio, era el momento de
tomar aquello que surgiese, sin mirarle los dientes al pobre caballo. Por
supuesto, me vi invadido de una emoción descomunal y embriagadora.
La cita era el 29 de noviembre a las 9:30, cerca de la
famosa Quinta de Olivos. Comenzaban ya los preparativos de seguridad
para la inminente cumbre del G20 que tendría lugar en Buenos Aires. El tránsito
demorado y los buses desviados. No podía permitirme llegar tarde a esta
oportunidad tan pensada, tan esperada. Necesitaba volver a “sentirme útil” (y,
de paso, ganar unos pesos).
Mi traje estaba impecable, la camisa, blanca,
impoluta. Una corbata sobria y un nudo prolijo. Zapatos, lustrados.
Miro al llegar a aquellos que parecían ser mi
competencia. O había sobrestimado la naturaleza de esta oportunidad de empleo
o... No sabría decirlo bien, a la luz de los resultados.
M. A. me hace pasar a una pequeña habitación con una
mesa y cuatro sillas. Repasamos juntos mi currículum vitae y ante algunos
puntos mostraba sorpresa. Sí, había estudiado ingeniería. Sí, trabajé haciendo
soporte técnico informático vía telefónica y correo electrónico para Estados
Unidos y on-site para la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional
Buenos Aires. Sí, estudié cine y TV y sí, había finalizado, para entonces, un
curso de edición de video en Premiere y After Effects. Además, un taller
intensido de revelado digital en un centro cultural.
Un poco, aquello que yo quería (y necesitaba
escuchar), otro poco mi lectura de sus comentarios acerca de mis habilidades.
M. A. parecía encantada de que yo haya llegado a su despacho ese día. Tanto,
que me preguntó si me interesaría tener una segunda entrevista con uno de los
dueños de la empresa.
No resulta difícil imaginar que durante todo el camino
a mi casa pensé en cómo financiar la adquisición de un cuerpo Nikon D7500,
portando una sonrisa que ocupaba el ancho de mi rostro, que el mismísimo Guasón
envidiaría.
Era el viernes en que daba inicio la cumbre del G20.
¿Quién trabajaría ese día, con tantos cortes y demoras en el tránsito? La
respuesta fue, alguien que tenía que convocarme a la segunda entrevista el
martes próximo, a las 11:00.
Eran las 17:30 y mi pecho era una olla de presión. Sábado. Domingo.
El lunes comenzó con preparativos -escasos-, como
dejar listo el traje, buscar una corbata acorde, lustrar zapatos... Un almuerzo
frugal, algo de lectura y televisón.
19:30.
Miro mi teléfono, producto de esta adicción masiva a
la tecnología, de la que pocos escapan. En la pantalla se asoma la notificación
de un SMS, un sistema de mensajería que uno creía obsoleto. No tenía registrado
el número, por lo que el remitente era un “+54911...”. No recuerdo las palabras
textuales y tampoco sé si importa. Alguien se presentaba con nombre de mujer,
aunque el autor podría haber sido un hombre, un árbol o un robot. Decía escribir
de parte de aquella importante empresa del rubro inmobiliario. La
entrevista del día siguiente tendría lugar... Nunca.
Pasaron treinta minutos. Prendo la computadora y abro
el navegador para acceder a mi correo electrónico.
Estimada M.,Recibí hace unos momentos un mensaje de texto (SMS), del número +54911..., de parte de una persona que se presentó como C., de Importante Empresa del Rubro Inmobiliario, en el que me informa que la entrevista de mañana quedó cancelada y que me avisarían en otra oportunidad.Quería confirmar si esto es así.Desde ya muchas gracias por su atención.Saludos cordiales,Eduardo
Creo que siempre he sido todo lo cortés y diplomático
que puedo ser, incluso cuando me encuentro frente a una brillante oportunidad
para denostar a mi interlocutor.
Buen dia Eduardo, sí, es asi. Hoy justamente me iba a contactar con los candidatos externos para informarles. La empresa opto por seleccionar a un candidato Interno (quien recien confirmo su aceptacion el dia de ayer).Lamento el inconveniente al alterar tus horarios en funcion de la entrevista previamente coordinada.
Te envio un cordial saludo, y el deseo de que tengas exito en tus futuras postulaciones.Atte,M. A.
Antes mencioné que mi pecho era una olla de presión.
¿Pueden imaginarse ahora?
Es de
destacar que tenía la amabilísima intención de ponerse en contacto con los
candidatos luego de que aquellos seleccionados tuvieran su segunda entrevista,
¿Está claro?
Si yo tengo
una empresa y necesito cubrir un puesto, primero realizo una búsqueda interna,
esto debe figurar en cualquier manual. Si no surge un candidato idóneo de ésta,
procedo a realizar una búsqueda externa. Si de la búsqueda externa emergen
personas con las capacidades que mi empresa busca, pero de repente Pepito, el
administrativo que mandó directamente a la papelera de reciclaje aquél correo
de Recursos Humanos, se dio cuenta que en realidad esta era la oportunidad de
su vida yo, el empleador, me planteo inicialmente dos cosas: 1) Mando a Pepito
a cocer tapioca; 2) Me defeco en los procesos de selección y le doy a Pepito
una oportunidad.
Entonces, Importante Empresa del Rubro
Inmobiliario, depositó sus heces en mí y en todos aquellos que habíamos accedido a
una segunda instancia de evaluación y le dio a Pepito su oportunidad de oro,
para que pueda ser el responsable de brindar soporte técnico informático y,
además, editar imágenes y videos, para promocionar propiedades.
Hasta aquí, todo muy
normal.
Desde ese
momento, no pude dejar de imaginar a Pepito retozando alegre por las verdes
pasturas linderas al norte del Río de la Plata, buscando inspiración divina
para darle a la foto de ese baño con duchador y sin bidet, el brillo y el
glamour de una habitación de motel tarantiniano.
Lunes,
martes, miércoles… Era viernes por la tarde y estaba al teléfono con una de
esas personas que te llenan el alma, mientras caminaba por la city porteña.
Entra una llamada. Número desconocido. Le pido a mi interlocutora, que me
disculpe por unos minutos y atiendo.
Lo que
escuché en ese momento y con el mínimo interés por reproducir el diálogo, fue
algo así:
“Hola
Eduardo, te habla G. L. de Importante Empresa del Rubro Inmobiliario. Quería
saber si podrías editar algunos videítos (sic) para nosotros.” Palabras
más, palabras menos.
De todo lo que se deben
imaginar que se me cruzó por la cabeza, sólo voy a destacar la siguiente
reflexión, “¿¡Ustedes no le habían dado esa responsabilidad a Pepito!?”. Pero
como Argentina es un país en el que uno necesita dinero para vivir, sin que
medien muchas más palabras, le dije que haría un presupuesto.
Horas
después recibo un correo con dos archivos adjuntos. Dos videos que
promocionaban una propiedad, que me envió a modo de muestra. En el correo, G.
L. me dijo: “Eduardo, te envío por esta víaun video de muestra de Importante
Empresa del Rubro Inmobiliario de un Emprendimiento y un video de un
colega. Lo que necesito sería el presupuesto y el tiempo de entrega, considerá
que si estamos de acuerdo con tu trabajo contamos en este momento con 26
emprendimientos más. Gracias. Saludos”. No hace falta ser físico cuántico para
ver que “…si estamos de acuerdo con tu trabajo contamos en este momento con 26
emprendimientos más”, es una frase que encierra cierto grado de coerción.
El lunes,
a primera hora, le respondo.
Buen día G.,Quería realizarte unas consultas respecto al proyecto del video.Ante todo, saber cuál debería ser la duración del video (el que me enviaron de Importante Empresa del Rubro Inmobiliario dura 46 segundos).¿Hay isologos en Illustrator, además de algún manual de marca u otras plantillas en vectores que se hayan utilizado en piezas previas? ¿Piezas para musicalización?Las fotos que se utilicen en las piezas, ¿Hay que retocarlas/editarlas?En caso que acordemos para que realice el trabajo, ¿Éste, se factura?Muchísimas gracias por tu atención y quedo a la espera de tu respuesta.Saludos cordiales,Eduardo
Y, como nos tiene
acostumbrada la cultura argentina, la respuesta de G. nunca llegó. En algún momento
pensé que tal vez no había recibido mi correo, pero en ese caso, ¿No debería
haberme escrito para preguntarme por qué no le había respondido?
A veces me veo tan naïve en
el espejo.
Seguí aplicando a distintas
ofertas de trabajo, pero ya con la esperanza hecha trizas, estrellada contra el
muro de la Cultura Laboral Nacional Argentina.
Otro continente me estaba
ya esperando, pero aún así, seguí postulándome, aunque más no sea por el
deporte mismo de hacerlo.
El 18 de agosto aterricé en
España. Al mediodía, ya estaba acomodándome en un hostel madrileño.
El 20, recibo un correo.
Hola Eduardo, ¿cómo estás?
Te escribo porque estoy
buscando un Editor de Video con nivel avanzado de inglés, para sumar a nuestro
staff y trabajar en proyectos muy interesantes con equipos distribuidos en todo
el mundo.
En todos los casos es
posible trabajar tanto desde cualquiera de nuestras oficinas como de forma
remota!
Estuve revisando tu perfil
y pensé que podría interesarte la propuesta. En ese caso, avísame por favor en
que momento puedo llamarte así lo hablamos en detalle.
Muchas
gracias!
D.
C.
Executive
Head Hunter
EmpresaDeSoftware
¿¡Trabajar en forma
remota!? De pronto, el día había comenzado a brillar con otra intensidad. Como
podrán imaginar, respondí inmediatamente. Y volví a escribir dos días después.
Y una semana.
A octubre no le queda más
que una semana para ser historia. Aún no tuve respuesta.
El 1° de este mes recibí un
aviso de CompuTrabajo en el que me decían que estaban gestionando mi CV. Eso es
estar a un paso de una entrevista laboral… Pero estoy en España. A esa oferta
me había postulado el 12 de marzo.
De pronto, me llegaron tres
o cuatro correos en los últimos tres días, pidiéndome que realice unos test
online y así continuar el proceso de selección.
Estimados:
El 20 de agosto me contactó
una Executive Head Hunter de EmpresaDeSoftware, D. C., comentándome que
estaban buscando un Editor de Video con nivel avanzado de inglés. Le respondí
inmediatamente que estaba interesado, pero que me encuentro en España. Nunca
tuve respuesta (aún habiéndole enviado, posteriormente, otros dos correos).
Agradezco el contacto. Tal
vez en otra oportunidad podamos trabajar juntos.
Saludos cordiales,
Eduardo
Me encantaría poder
decirles cuál es la solución más mágica que pueda resolver, o revertir, la
carencia de empatía, de valores, de ética, y de una larga lista de etcéteras.
No la tengo. Sinceramente, no creo que exista. Todo esto, pasó, pasa y pasará.
Y si alguno se pregunta cómo es que puedo ver el futuro, es que no leyó nada de
historia, de la nacional y de la mundial.
Esta es una historia sobre
el desdén, el manoseo y la apatía.
Esta es una historia en
pausa. No tiene remate, porque no tiene cierre.
Esta es una historia
personal, pero tampoco tan personal.
Esta es una historia para
hacer catarsis. Porque la primera parte la tenía atorada en el pecho y la
segunda, destrabó a aquella.
Esta es una historia para
recordar. Para entender por qué no volver.
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