La transición de marzo a abril del 2018 arrastró consigo las pesadas, pesadísimas cadenas de la desidia argentina. Uno tras otro fui completando los formularios de las plataformas de búsqueda de trabajo. Actualicé perfiles, reacondicioné currículums, esta foto de perfil, sí; esta otra, no. Agregué alertas automáticas, me suscribí a newsletters y busqué cursos que me proporcionaran herramientas y así mejorar mi posicionamiento. Así fui aplicando a una larga lista de empleos relacionados con mi campo de estudio (más adelante aplicaré a cualquier empleo para el que pueda verme apto). Esa cuota de racionalidad tan presente en mí, me explicó que no habría respuestas inmediatas. Me dijo que debería armarme de paciencia y esperar lo mejor. Esperé una semana, dos, tres. Hubo un cuarto mes en el que esperé un quinto. Aún me veo, a veces, preso de un debate maniqueo: recibir los correos que rechazaron mis postulaciones, ¿Fue algo bueno, o malo? De cualquier forma, CompuTrabajo me...