No debe despojarse a estas palabras del carácter instructivo que las inviste. La modernidad y el exponencial desarrollo tecnológico que devino con esta, han socavado las bases de la convivencia social y, por qué no, del buen gusto. Parto de una simple observación. Camino por Lima, desde Avenida de mayo. Elijo cada uno de los temas que suenan en mis auriculares. Avenida Belgrano está en verde y decido esperar a un metro del cordón. Hoy no me siento muy temerario. Es un buen momento para observar a quienes me rodean, ya sea por desconfianza, o mera curiosidad. Uno nunca sabe cuándo se puede enamorar, ni cuántas veces por cada cuadra. Oteo el cercano horizonte, de derecha a izquierda. Nada muy llamativo. Frente a mí, uno o dos ansiosos amagando a una muerte certera con cada paso que los aleja del adoquín. Y allí, a mi izquierda, como en diagonal, un caballero. Cerrados su meñique, anular y mayor sobre la palma de su mano derech...