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Mostrando entradas de enero, 2010

Elemental...

En este momento me cuestiono (sin sentido, obviamente), si, por lo menos yo, ya habré alcanzado esa cierta edad en la que uno se conforma con una breve salida, a saber: Cena privada del núcleo familiar primario fuera de casa. Para entonces, los arreglos ya habían sido efectuados. Al concluir el cumpleaños del padre de un amigo, nos reuniríamos él, su novia y yo, en un lugar a determinar para ir al cine. Una vez finalizada mi propia velada familiar, sucumbí a los efectos de la marea alcalina, producto de la abundante alimentación. Dejo mi teléfono móvil encendido y claramente sonoro, a fin de despabilarme con la llamada de mi congénere. Para el momento en que éste dispositivo sonó, el reloj marcaba unos minutos pasada la medianoche. Apenas pude abrir los ojos y contestar. Debía pasar por la casa de los padres, a tan sólo unas cuadras de la mía. El encuentro se efectuó a la brevedad y sin pormenores, incluso tuve la oportunidad de desearle un feliz cumpleaños al padre personalmente...

Para compartir...

La rosa de Paracelso En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano. Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía, El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares, Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo, Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor uando golpearon la puerta, El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra. El maestro fue el primero que habló. -Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente -dijo no sin cierta pompa-, No recuerdo la tuya, ¿Quién eres y qué deseas de mí? -Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-, Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quie...

¿Cómo –casi– tumbar un velero?

Instrucciones. Ante todo, tenga usted un muy buen día (o noche). Para comenzar con este proceso que lo transportará automáticamente a un mundo pleno de aventuras y rebozado de adrenalina, deberá procurarse un viaje en velero a las cercanas costas de nuestro país hermano, Uruguay. Sepa, principalmente, que ha de partir un sábado y retornar al día siguiente, con amenazas de tormenta, especialmente si son de aquellas que se cumplen a rajatabla. La salida desde, por ejemplo, Conchillas, deberá efectuarse alrededor de las 1030 horas. Navegará con muy poco viento, por lo que deberá ayudar a la mayor y al genoa con media máquina. Utilizará el tracklog de su carta electrónica o, si así lo prefiere, puede animarse a encontrar un camino alternativo que usted considere apropiado para la situación. La calma del Río de la Plata será apabullante, por lo que podrá degustar sin inconvenientes, unos deliciosos sándwiches de milanesa con mayoliva (y huevo duro para los más corajudos). Nótese que al...