En este momento me cuestiono (sin sentido, obviamente), si, por lo menos yo, ya habré alcanzado esa cierta edad en la que uno se conforma con una breve salida, a saber: Cena privada del núcleo familiar primario fuera de casa. Para entonces, los arreglos ya habían sido efectuados. Al concluir el cumpleaños del padre de un amigo, nos reuniríamos él, su novia y yo, en un lugar a determinar para ir al cine. Una vez finalizada mi propia velada familiar, sucumbí a los efectos de la marea alcalina, producto de la abundante alimentación. Dejo mi teléfono móvil encendido y claramente sonoro, a fin de despabilarme con la llamada de mi congénere. Para el momento en que éste dispositivo sonó, el reloj marcaba unos minutos pasada la medianoche. Apenas pude abrir los ojos y contestar. Debía pasar por la casa de los padres, a tan sólo unas cuadras de la mía. El encuentro se efectuó a la brevedad y sin pormenores, incluso tuve la oportunidad de desearle un feliz cumpleaños al padre personalmente...